«Maternidad reflexiva»

¿Criar con calma?

¡Es un tema que nos encanta a todos! Porque es como conectar nuestra manera de ver la vida con un pequeño que no tiene ninguna información del mundo y la va a tener a través de nosotros, es decir, es el vínculo que uno tiene con los niños, un puente para demostrarles cómo vemos el mundo. Somos una especie de guía.
 
Quiero hacer mención en este artículo de la maternidad reflexiva, bien hablada por una psicoanalista norteamericana llamada Regina Pally. “Maternidad reflexiva” es un término que nos sorprendió e interesó mucho. Porque se adapta a todo tipo de crianza que existe, sin exclusión, considerando que no hay una maternidad única ni perfecta. Hay infinitas maneras de educar y hacerlo bien.
 
Estas maneras suelen estar muy relacionadas con la maternidad con apego o crianza respetuosa, que hoy en día están muy en auge. Por supuesto también tomaremos en cuenta la forma convencional de educar, la cual, desde un punto de vista objetivo tiene cosas muy buenas que aportar. Esta maternidad que nos tocó vivir pues, evidentemente, tiene otros problemas como las tecnologías, alimentación, estrés, entre otras cosas.
Debemos tomarlo en cuenta a la hora de enseñar a nuestros hijos. Por eso, esta maternidad reflexiva de la que hablaremos hoy es una puerta para educar mediante la calma.Es muy bonito, porque nos enseña a nosotros, los padres, a ser empáticos con los niños y es fundamental en la crianza, «porque no es hacer lo que quiera el niño», sino ponerse en la piel del niño, tratar de sentir sus emociones.
Por ende, consideramos que no siempre se debe pensar como padre (ese padre racional), sino hacer una parada técnica y ponerse en los zapatos del pequeño, así podremos validar la situación con mayor intuición e incluso podríamos aproximarnos a una solución más acertada.
Es decir, vamos a poder manejarlo con una visión más amplia. ¿Qué es empatía? Existen muchas definiciones sobre la empatía, pero básicamente consiste en la capacidad de percibir y comprender lo que otro ser puede sentir ya sea un animal o una persona. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona con respecto a otra​.
 
Para ser empáticos también deberíamos conocer someramente nuestro cerebro: –primero nacemos siendo emocionales y alrededor de los tres años se nos activa el cerebro racional- Es decir, un pequeño de dos años actuará a través de las emociones, es completamente normal, y me parece que es un dato menester conocer.
Se preguntarán ¿por qué todo esto? ¿no será más fácil imponerse? No, Pues hay razones de peso que mencionaré brevemente. Expertos en la materia como Sue Gerhardt, psicóloga y especialista británica, expone en su libro “El amor maternal” la importancia del cerebro y sus emociones ¿Cómo puede influir esto en su YO del futuro?
Es preciso mencionar que como padres siempre queremos lo mejor para nuestros pequeños exponiéndonos y exponiéndolos a un estrés continuo. Tomando medidas drásticas y patriarcales, a veces utilizando la inflexibilidad, o su lado opuesto, la falta de límites o hábitos, ambos para nada aconsejables.
 
Por consiguiente, vuelvo al punto de partida, seamos empáticos, seamos reflexivos y flexibles. Una maternidad no debe ejecutarse desde la rigidez, ni tampoco intentar hacer todo perfecto porque sería imposible e irreal. Entonces esos altibajos que tiene la maternidad son bienvenidos y son parte del proceso de criar. Pues, siempre en algo nos equivocamos y debemos aceptarlo. Y si es necesario rectificarlo o mejorarlo. Creo que la verdadera función de ser «REFLEXIVOS» aparte de educar, es mirar siempre la relación que va a quedar en un futuro con nuestros hijos.
 

Sugerencias para una maminiquieta

🙂 SE REFLEXIVO, utiliza la empatía sin abusar, con tu peque
🙂 Busca alternativas que te sirvan a ti. No a otros. Recuerda cada individuo es un mundo
🙂 Intentar respetar los tiempos de desarrollo neurológico. Esto es clave
🙂 Aprende a cuidar tu relación con tus hijos. Dedícale tiempo de calidad. Aunque sean 15 minutos
🙂 Léele mucho ayudará a desarrollar su empatía e intelecto

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